Sentado en la ventana de mis ojos...

Grandes hombres de Dios: Nehemías.

09.09.2010 00:42

Hemos hablado ya varias veces del concepto de un "gran hombre de Dios".  En esta ocasión, podremos hablar de cómo actúa un real hombre de Dios.  De paso, mencionaremos por qué lo podemos catalogar como tal.

Leemos en el libro de Nehemías, lo siguiente:

Neh 1:1  Palabras de Nehemías hijo de Hacalías. Aconteció en el mes de Quisleu, en el año veinte, estando yo en Susa, capital del reino,
Neh 1:2  que vino Hanani, uno de mis hermanos, con algunos varones de Judá, y les pregunté por los judíos que habían escapado, que habían quedado de la cautividad, y por Jerusalén.
Neh 1:3  Y me dijeron: El remanente, los que quedaron de la cautividad, allí en la provincia, están en gran mal y afrenta, y el muro de Jerusalén derribado, y sus puertas quemadas a fuego.
Neh 1:4  Cuando oí estas palabras me senté y lloré, e hice duelo por algunos días, y ayuné y oré delante del Dios de los cielos.


Una primera característica: sensibilidad.  Preocupado por la situación de los judíos que habían vuelto de la cautividad, no sólo se muestra preocupado, sino llora, hace duelo, ayuna y ora a Dios por sus hermanos.
 
¿Cuántos de nosotros nos postramos a Dios por el pecado que asedia a nuestros hermanos? ¿Y qué pasa con nosotros mismos, con la Jerusalén que está asentada en nuestro corazón?  Muchos somos aficionados a cosas que no hacen más que destruir las puertas de nuestro templo, que nos hacen pensar que la moral es relativa, que el matar o robar no necesariamente es malo, que la infidelidad es aceptable en determinadas circunstancias.  Mucho menos, por tanto, estamos haciendo duelo, ayunando u orando por nosotros mismos, nuestras familias o nuestros hermanos, confesando nuestros pecados ante el Dios de los Cielos, para que él nos restaure o reconstruya.

Continuemos leyendo Nehemías:

Neh 2:1  Sucedió en el mes de Nisán, en el año veinte del rey Artajerjes, que estando ya el vino delante de él, tomé el vino y lo serví al rey. Y como yo no había estado antes triste en su presencia,
Neh 2:2  me dijo el rey: ¿Por qué está triste tu rostro? pues no estás enfermo. No es esto sino quebranto de corazón. Entonces temí en gran manera.

Una segunda característica:  el servicio en el trabajo terreno.  El Espíritu que había dentro de Nehemías hacia que nunca hubiera servido al rey de mala forma, sino siempre con buen ánimo.  Además, era "carta leída": su semblante denotaba lo que había en su rostro.


Finalicemos con una última reflexión:

Neh 2:3  Y dije al rey: Para siempre viva el rey. ¿Cómo no estará triste mi rostro, cuando la ciudad, casa de los sepulcros de mis padres, está desierta, y sus puertas consumidas por el fuego?(A)
Neh 2:4  Me dijo el rey: ¿Qué cosa pides? Entonces oré al Dios de los cielos,


Una última característica: Temor a Dios y confianza en Él.  Cuando el rey habla a Nehemías, Nehemías no se abalanza al rey con una serie de peticiones.  Antes de pedir nada, ora al Dios de los cielos.  Pero claramente, esta oración efectuada en forma breve no era sino un punto cúlmine de una etapa en la vida de Nehemías que éste había dedicado a orar por un propósito específico, que era lograr la reconstrucción de Jerusalén.

Hay muchos otros aspectos que podemos aprender de la vida de Nehemías.  Pero concluyamos sólo con una breve observación. ¿Por qué se puede llamar tan libremente a Nehemías como un "hombre de Dios"? Por una frase del mismo Nehemías: "Entonces puso Dios en mi corazón..." Dios puso un propósito en el corazón de Nehemías.  Era, entonces, un hombre obrando lo que Dios había puesto en su corazón.  Era, entonces, un hombre de Dios.

 

 

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Juan Pablo Muñoz G.

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"Soy ya un viejo decadente desde la cabeza a los pies. Mis ojos se apagan; mi mano derecha tiembla mucho; mi boca está ardorosa y seca todas las mañanas; casi todo el día tengo una fiebre molesta; mis movimientos son lentos y débiles. Sin embargo, bendito sea Dios que no aflojo en mi trabajo: todavía puedo predicar y escribir"

John Wesley, 1790, a la edad de 87 años.

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