En la actualidad, hay muchos temas que generan mucho interés en los cristianos. Por ejemplo, la fe, tema abordado por muchos predicadores alrededor del mundo. Quienes bien utilzan el término hablan de la fe en Cristo, en su obra salvadora, y también cómo el hombre puede esperar confiadamente en que la mano poderosa de Dios puede ayudar a cualquier creyente, en cualesquier trance o situación que viva. Otro tema: el amor, en especial, el amor familiar, el amor y la disciplina en el hogar; o las profecías, la escatología... en fin, multitud de temas que llenan estanterías en las librerías cristianas.
Pero hay un tema que quizás no llene tantas estanterías y tampoco sea siquiera una real preocupación hoy para los cristianos. En alguna forma, lo podríamos llamar "el mensaje olvidado". Hablo del viejo mensaje, que era el centro, la esperanza bienaventurada, el anhelo que animaba a los primeros cristianos, de forma tal que el apóstol escribe lo siguiente:
1Ts 4:13 Tampoco queremos, hermanos, que ignoréis acerca de los que duermen, para que no os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza.
1Ts 4:14 Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con Jesús a los que durmieron en él.
1Ts 4:15 Por lo cual os decimos esto en palabra del Señor: que nosotros que vivimos, que habremos quedado hasta la venida del Señor, no precederemos a los que durmieron.
1Ts 4:16 Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero.
1Ts 4:17 Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor.
1Ts 4:18 Por tanto, alentaos los unos a los otros con estas palabras.
Éste es el mensaje: Cristo viene. "Alentaos los unos a los otros con estas palabras", escribe el apóstol. ¡Cristo viene! ¡Estaremos para siempre con Él! ¡Alentaos los unos a los otros con estas palabras!
Pero hoy, que estamos dos mil años más cerca que Pablo, y que quizás estaremos vivos cuando Cristo vuelva por nosotros, debemos reconocer que no siempre este mensaje está presente en nuestra cotidianeidad. Vivimos el hoy, el problema, la situación puntual, o planificamos qué haremos en uno, dos, cinco, diez años más, pero sin ocuparnos de lo importante. Que Cristo viene, y viene pronto.
Pensemos: si Cristo nos enviara un correo electrónico, avisándonos que viene mañana a primera hora, ¿qué haríamos? Y, quizás más importante, ¿qué dejaríamos de hacer? ¿Qué actividad o decisión tiene o no sentido, sabiendo que Cristo está a las puertas? ¿Estamos a cuenta con Dios? Los dones que me ha dado, ¿los he ocupado? Y, ¿qué pasa con las misiones? ¿Qué del Evangelio? ¿Fue importante para mí? Mis amigos o conocidos, que hoy no conocen a Cristo, ¿qué hago por ellos? ¿Cuántos morirán sin Cristo, y ya sin tiempo para predicarles? ¿Y cuántas actividades pierden valor, ante la certeza de que Cristo viene?
Si viviéramos pensando en que Cristo viene mañana, seguramente priorizaríamos varias cosas que hoy ni siquiera están en nuestra agenda. Y más seguramente, dejaríamos de hacer muchas, pero muchas otras cosas. La televisión, los pasatiempos, los enojos, los malos entendidos, las redes sociales, las fotos, la ropa de moda, la última tecnología o el consumismo ¿tendrían alguna prioridad? La oración, el evangelismo, ¿no serían de "prioridad uno"?
Cristo viene. ¿Qué pasa si viene mañana? ¿Nos llena de gozo o nos preocupa, al punto de quizás estar temblando?
Juan Pablo Muñoz G.
"Soy ya un viejo decadente desde la cabeza a los pies. Mis ojos se apagan; mi mano derecha tiembla mucho; mi boca está ardorosa y seca todas las mañanas; casi todo el día tengo una fiebre molesta; mis movimientos son lentos y débiles. Sin embargo, bendito sea Dios que no aflojo en mi trabajo: todavía puedo predicar y escribir"
John Wesley, 1790, a la edad de 87 años.