Hace un par de días, ya tarde, veníamos de vuelta de un día de descanso con mi familia, cuando un accidente de tránsito ocurrido en la ruta donde viajábamos nos obligó a tomar un camino alternativo, de cuya existencia sabía, pero que no conocía. Así que me acerqué a una tenencia de Carabineros, para saber algunos detalles más de ese camino. El policía, muy cortésmente, me indicó que ese camino me llevaba a Pirque, y de allí podría regresar al centro de Santiago, pero me hizo una advertencia: "señor, ese camino lo lleva a Pirque, pero en el camino va a encontrar algunos desvíos. No los tome. Siga siempre adelante, recto, sin desviarse a ninguna parte".
Acto seguido, subo al vehículo, y comienzo a seguir el camino. A mi parecer, no terminaba nunca. Era oscuro, bien pavimentado, pero rural, sin señales, y mucho menos luces. Peor fue cuando, en el trayecto, observo a varios vehículos tomar un desvío. Eran muchos, la verdad, y claro que dudé en si seguirlos o no. Pero pensé que lo mejor era confiar en lo único seguro que llevaba: la recomendación del Carabinero.
Finalmente, llegamos. Alivio fue lo menos que sentí. Habían sido varias horas de viaje, sin ver ninguna señal, y en la cual sólo seguimos la indicación de un policía para llegar a destino. Entonces me di cuenta de que, muchas veces, el camino del Evangelio es muy, pero muy similar. Tenemos una orden de continuar, seguir adelante, de dejar el pecado atrás, de obedecer sus mandamiento y de creer "a pie juntillas" en las promesas que Dios nos ha dado para nuestra vida, de las cuales la mayor, la más importante es la esperanza bienaventurada, que nos promete que estaremos para siempre con Él. Pero muchas veces, durante este camino, no vemos ni señales, ni prodigios, ni milagros, e incluso vemos que muchos de nuestros hermanos se apartan, se desvían. ¿Qué podemos hacer? Indudablemente que la fe podrá flaquear. Pero tenemos su promesa. Una mucho mayor que la de un policía en medio de la nada, diciéndonos "señor, por ese camino va a llegar". Una promesa fraguada en sangre y firmada en el madero de la cruz:
Jua 3:16 Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.
Sólo creer. Sin señales. Y cuando durante el caminar del Evangelio, cuando realmente queremos hacer su voluntad, nos enfrentamos a la necesidad o nos vemos en problemas, su Palabra nos alienta:
Heb 13:5 [...] porque él dijo: No te desampararé, ni te dejaré;
Heb 13:6 de manera que podemos decir confiadamente:
El Señor es mi ayudador; no temeré
Lo que me pueda hacer el hombre.
"No te dejaré, ni te desampararé". Y por último, como dice el Evangelio de Juan:
Jua 20:29 Jesús le dijo: Porque me has visto, Tomás, creíste; bienaventurados los que no vieron, y creyeron.
Un antiguo canto decía así:
Sólo creer, sólo creer,
todo es posible,
sólo creer.
Cristo esta aquí,
Cristo está a quí,
todo es posible,
Cristo está aquí.
¡Que bendición llevar una vida descansando en nuestro Señor, en sus promesas y en que su voluntad encierra lo mejor para nosotros! ¡Y aunque no veamos nada, si Dios ha prometido, Él hará!
¡Mi Dios nos bendiga a todos, ricamente!
Juan Pablo Muñoz G.
"Soy ya un viejo decadente desde la cabeza a los pies. Mis ojos se apagan; mi mano derecha tiembla mucho; mi boca está ardorosa y seca todas las mañanas; casi todo el día tengo una fiebre molesta; mis movimientos son lentos y débiles. Sin embargo, bendito sea Dios que no aflojo en mi trabajo: todavía puedo predicar y escribir"
John Wesley, 1790, a la edad de 87 años.