Sentado en la ventana de mis ojos...

"Pequeños hombres de Dios"

12.08.2010 00:00

(compartido el jueves 12/08/2010, en el taller de técnica vocal)

En el ámbito cristiano, a menudo se tiende a decir que tal o cual persona es un "gran hombre de Dios" si emprende con éxito alguna tarea, actividad o desafío de envergadura y/o impacto relevante relacionado con la Iglesia, bien en el ámbito de la fe (religioso, si se quiere) o bien aspectos como la administración eclesiática, la gestión interreligiosa o en el posicionamiento de ideas, personas o actividades de tipo "cristiano" fuera de las paredes de las congregaciones.  Un misionero que viaja por los cinco continentes, un pastor de una congregación numerosa, un líder de una organización interdenominacional o un cristiano que logra realizar cambios profundos en la sociedad en que vive, todas ellos serán candidatos para ser considerados como "grandes hombres de Dios".

Es curioso, no obstante, que el mote de "gran hombre de Dios" generalmente no es dado por Dios, sino por el hombre.  Somos nosotros los que tildamos a ciertas personas como "grandes hombres de Dios", admirados por el resultado de sus trabajos o iniciativas.  Por ello, y sin ánimo de restar mérito a personas que han trabajado incansablemente por algún ideal u objetivo, es necesario ir a las Escrituras para saber quién es considerado por Dios como un "gran hombre".  Leemos en Mateo 5:19, lo siguiente:

"De manera que cualquiera que quebrante uno de estos mandamientos muy pequeños, y así enseñe a los hombres, muy pequeño será llamado en el reino de los cielos; mas cualquiera que los haga y los enseñe, éste será llamado grande en el reino de los cielos."

Este versículo muestra que Dios considera como un "grande" a aquel que haga sus mandamientos y los enseñe.  No hace referencia a tamaño de congregaciones, ni de logros "a escala humana", sino a aspectos que sólo son verificables por Dios, como es el vivir según sus mandamientos y también enseñarlos.  Por tanto, resulta pretencioso (y peligroso) para un hombre el ser considerado como "gran hombre de Dios" por otros hombres, pues claramente es Dios el único facultado para dar ese título a alguien.  No es bueno para nadie querer tomar el lugar de Dios en ningún aspecto.  En realidad, si una persona no obra en consecuencia de la fe que predica o dice practicar, la Biblia señala al tal como un "pequeño".  Un "pequeño hombre de Dios".

¿Y qué de las obras realizadas?  1ra de Samuel 15:22-23 ilustra el punto:

(22) Y Samuel dijo: ¿Se complace Jehová tanto en los holocaustos y víctimas, como en que se obedezca a las palabras de Jehová? Ciertamente el obedecer es mejor que los sacrificios, y el prestar atención que la grosura de los carneros.
(23) Porque como pecado de adivinación es la rebelión, y como ídolos e idolatría la obstinación. Por cuanto tú desechaste la palabra de Jehová, él también te ha desechado para que no seas rey.
 

Dios prefiere una persona que tiembla a su presencia y que está presto a escuchar y poner en práctica sus mandamientos, antes que la realización de obras magnas, aun cuando ellas estuvieren dentro de su voluntad.  Él mora con los quebrantados y humildes de espíritu.

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Juan Pablo Muñoz G.

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"Soy ya un viejo decadente desde la cabeza a los pies. Mis ojos se apagan; mi mano derecha tiembla mucho; mi boca está ardorosa y seca todas las mañanas; casi todo el día tengo una fiebre molesta; mis movimientos son lentos y débiles. Sin embargo, bendito sea Dios que no aflojo en mi trabajo: todavía puedo predicar y escribir"

John Wesley, 1790, a la edad de 87 años.

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