(devocional compartido en el taller vocal del jueves 19/08/2010).
En esta oportunidad, mostraremos cómo un hombre, aun cuando haya estado al lado del Señor, puede desviar su mirada del mensaje de Cristo, y opera según sus propios anhelos. Leamos el pasaje del Evangelio según san Marcos, entre los versículos 32 y 45:
Mar 10:32 Iban por el camino subiendo a Jerusalén; y Jesús iba delante, y ellos se asombraron, y le seguían con miedo. Entonces volviendo a tomar a los doce aparte, les comenzó a decir las cosas que le habían de acontecer:
Mar 10:33 He aquí subimos a Jerusalén, y el Hijo del Hombre será entregado a los principales sacerdotes y a los escribas, y le condenarán a muerte, y le entregarán a los gentiles;
Mar 10:34 y le escarnecerán, le azotarán, y escupirán en él, y le matarán; mas al tercer día resucitará.
Mar 10:35 Entonces Jacobo y Juan, hijos de Zebedeo, se le acercaron, diciendo: Maestro, querríamos que nos hagas lo que pidiéremos.
Mar 10:36 El les dijo: ¿Qué queréis que os haga?
Mar 10:37 Ellos le dijeron: Concédenos que en tu gloria nos sentemos el uno a tu derecha, y el otro a tu izquierda.
Mar 10:38 Entonces Jesús les dijo: No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber del vaso que yo bebo, o ser bautizados con el bautismo con que yo soy bautizado?
Mar 10:39 Ellos dijeron: Podemos. Jesús les dijo: A la verdad, del vaso que yo bebo, beberéis, y con el bautismo con que yo soy bautizado, seréis bautizados;
Mar 10:40 pero el sentaros a mi derecha y a mi izquierda, no es mío darlo, sino a aquellos para quienes está preparado.
Mar 10:41 Cuando lo oyeron los diez, comenzaron a enojarse contra Jacobo y contra Juan.
Mar 10:42 Mas Jesús, llamándolos, les dijo: Sabéis que los que son tenidos por gobernantes de las naciones se enseñorean de ellas, y sus grandes ejercen sobre ellas potestad.
Mar 10:43 Pero no será así entre vosotros, sino que el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor,
Mar 10:44 y el que de vosotros quiera ser el primero, será siervo de todos.
Mar 10:45 Porque el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos.
Al inicio del pasaje leído, podemos observar cómo el Señor venía hablando del hecho esencial, del propósito de su venida a este mundo: su propio sacrificio expiatorio. No podía haber un tema más importante que ese. No obstante, a renglón seguido, se escucha una petición de Jacobo y Juan respecto de la honra que ellos quisieran obtener en el reino del Señor. Por cierto, eso daba cuenta de que creían que Jesus era el Cristo, el Ungido, pero a la vez hacía evidente que no entendían ni su aparición en esta tierra ni su sacrificio en su real sentido espiritual. Se podía percibir que sólo anhelaban tener mayor honra, pero a los ojos de los demás. Anhelaban estar en eminencia. Por eso no escuchaban al Señor, ni podían entender su mensaje. Por último, ni siquiera mostraban la delicadeza humana de poder callar ante la confesión de un hombre que sabe que lo van a matar cruelmente. Al escuchar, lo que instantáneamente surge es el deseo de tener un puesto de honra en el futuro reino de Cristo, el Mesías. Podemos constatar, entonces, que el deseo de gloria personal hizo que dejaran de prestar atención a lo que el mismo Hijo de Dios estaba diciendo, dejando de buscar las "cosas de arriba".
La búsqueda de gloria personal, reconocimiento o fama obstaculiza el tener una relación fluida con el Señor; por el contrario, nos aleja de Él.
Ahora bien, ¿qué implicaba alcanzar ese "puesto de honra"?. El Señor le dijo a Jacobo y Juan, "no sabéis lo que pedís", añadiendo que hay personas para los cuales dicho lugar "está preparado". ¿Qué tipo de proceso deberán vivir (o, mejor dicho, sufrir) aquellas personas que estarán a la derecha o a la izquierda del Señor en su reino?. Honestamente, no me gustaría saberlo.
Por otro lado, ni siquiera el Señor hacía ostentación de seguridad, aplomo o desplante con sus discípulos; las Escrituras muestran que esa no era su actitud habitual. Particularmente, si observamos el versículo 32, sus discípulos se asombran cuando Cristo se pone delante de ellos, por lo cual le siguen con miedo. ¿Qué determinación mostraría el Señor, que hombres tan rudos le pudiesen seguir con miedo?
Por lo tanto, quien quiera tomar el "primer lugar", o tener un puesto de privilegio, está obligado a imitar al Señor, y sólo dedicarse a servir a los demás.
Juan Pablo Muñoz G.
"Soy ya un viejo decadente desde la cabeza a los pies. Mis ojos se apagan; mi mano derecha tiembla mucho; mi boca está ardorosa y seca todas las mañanas; casi todo el día tengo una fiebre molesta; mis movimientos son lentos y débiles. Sin embargo, bendito sea Dios que no aflojo en mi trabajo: todavía puedo predicar y escribir"
John Wesley, 1790, a la edad de 87 años.